[Análisis] Yoshi’s Woolly World

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Yoshi’s Wolly World es el segundo mejor plataformas de WiiU por detrás del enorme, genial e inigualable Donkey Kong: Tropical Freeze. Así, sin más.

Sé que lo habitual cuando empiezas a escribir un análisis es dedicar una breve introducción a poner en antecedentes a los lectores y no entrar a valorar el juego de buenas a primeras. Pero quería dejar claro desde un primer momento el gran juego que ha llevado a cabo Good-Feel y el cuál nos va a tocar estirar hasta el próximo título que tenga a bien lanzar Nintendo para la maltrecha WiiU.

Una lucha interminable contra el pasado

Todos los juegos de la saga de Yoshi tienen un problema muy, muy gordo antes incluso de que salgan al mercado: Yoshi’s Island. El spinoff de Super Mario World que se sacó de la manga en su día Miyamoto y su equipo de desarrollo para rivalizar y superar a la revolución que supuso el Donkey Kong Country de Rare, dejó el listón muy alto. El dinamismo de Mario dejaba paso a un ritmo relajado como pocos donde primaba la exploración y en el que el diseño de niveles se adaptaba a la perfección al revoloteo y lanzamiento de huevos de don T. Yoshisaur Munchakoopas.

A cada nueva entrega que se anuncia, le toca pasar por el más exhaustivo de los análisis irremediablemente. Todo es una constante comparación con el Yoshi primigenio en la que nunca se puede salir vencedor. Alcanzar el nivel del clásico ya sería un logro. Con mayor o menor acierto se intentó innovar intentando, eso sí, no tocar demasiado la esencia, para acabar conviertiéndose en juegos totalmente distintos. Y en mi humilde opinión, Yoshi’s Woolly World se ha ganado el derecho a ser recordado con tanto aprecio como ocurre con la entrega de SNES. En gran medida por su hermoso diseño en el que hay más que rascar de lo que se percibe en la fachada.

¡Para vosotras tejedoras!

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Yoshi’s Woolly World es uno de esos juegos que entra por la vista. A los que no puedes dejar de mirarlos con una cara de felicidad supina. Y que es capaz de encandilar tanto a adultos como niños. Pero no solo eso, porque en esta ocasión se les une esa legión de mujeres que están metidas de lleno en ese boom que lleva unos años con nosotros. Los diferentes tipos de manualidades y creaciones artísticas. Doy fe de ello.

La Isla Remiendos -lugar donde se desarrolla el juego- es una oda al ganchillo. Desde el primero de los enemigos al último de los elementos que conforman el escenario están hechos como si fueran auténticas esculturas de lana. No le faltan los detalles. Lentejuelas para los reflejos, cremalleras para raíles, velcro para plataformas móviles… Todo se implementa con gran naturalidad y nada rompe la armonía textil de la isla. Ni siquiera los elementos que provienen de anteriores juegos como pueden ser los Blargg -eso simpáticos gigantes nacidos de la lava- o los huevos, en este caso ovillos de lana, desentonan en el juego.

Good-Feel ha conseguido trasladar con éxito los elementos por los que se caracterizaban anteriores entregas, al motor con el que ya dieron sus primeros pasos en Kirby Epic Yarn. Y salvo un par de detalles que se quedaron por el camino para retocar ciertas partes de las mecánicas, nadie fan de la saga tiene motivos para estar decepcionado con Yoshi’s Wolly World.

La cosa tiene huevos ovillos.

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Como ya he dicho unos párrafos más atrás, la franquicia cambió las directrices de los plataformas de la época e hizo hincapié en una experiencia mucho más relajada. Pero no era ese el único gran cambio que surgió de las lúcidas mentes de sus creadores. Mario bebe era la otra incorporación que le daba un aire especial a Yoshi’s Island. El llanto de Mario aún permanece en el cerebro de los que tuvieron la oportunidad de jugarlo y causó amor y odio a partes iguales. Para fortuna de unos y desgracia de otros, en esta ocasión se decidió eliminar por completo la compañía de Mario. ¿En qué influye esto? Básicamente en que Yoshi’s Woolly World se convierte en un juego aún más pausado. Ya no tenemos que ir rápidos cual rayo detrás de Mario tras recibir un golpe y evitar perder el menor número de estrellas. Esas estrellas esenciales para completar las fases al 100% y desbloquear las pantallas extra.

Y es que ese afán por completar el 100% de las fases aún está presente en el juego de WiiU. Las estrellas dejan paso a los corazones. Ahora solo perdemos “vida” por cada golpe recibido. Las flores siguen teniendo un papel importante y esla razón principal por la que debemos explorar cada rincón del escenario. Las monedas desaparecen -monedas rojas incluidas- pero a cambio tenemos las gemas que cumplen la misma función y en mi opinión tienen incluso más influencia en el juego. Las gemas tienen más presencia en cada fase que la que tenían en su día las monedas, y algunas de ellas, esconden dentro sellos -necesarios para alcanzar el 100%- que luego podemos utilizar para decorar nuestros mensajes en Miiverse. Además, estas gemas se pueden utilizar como moneda de cambio para comprar una serie de power-ups como recibir menos daño o atraer los objetos de las pantallas; y que nos harán la vida más fácil. Por otro lado, al aparecer un gran número de gemas durante cada fase, no hay momentos en los que parece que no estamos haciendo nada. Como a cada poco nos encontramos una hilera de ellas, da la sensación de que siempre estamos avanzando por algo más que llegar al final. En cierta medida es una decisión que motiva al jugador.

Pero no solo los ventajas que compramos con las gemas es el único cambio que hace de Yoshi’s Woolly World un juego más fácil que sus predecesores. Junto a la ya nombrada ausencia de los bebes a los lomos de Yoshi tenemos la desaparición de las técnicas avanzadas a las que podíamos recurrir con los huevos. Recuerdo alguna fase de Yoshi’s Island en la no aparecían las típicas fuentes de estrellas y nos obligaba a usar el rebote de los huevos. Dependiendo el número de rebotes al que sometiéramos al huevo cambiaba de color y por tanto de efecto al golpear a un enemigo. Por lo que debíamos lanzar un huevo, cazarlo con la lengua tras el rebote y reventar a un enemigo para hacernos con esos puntos de vida tan ansiados. Ya no tenemos, ni podemos, hacer uso de esa técnica. Solo hay dos tipos de ovillos de lana: el estándar y uno de mayor tamaño. La diferencia radica, a parte de en el tamaño, en que el ovillo grande continua su camino tras el primer golpe.

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Otro de los añadidos que está presente en todas y cada una de las fases son las madejas. Madejas de lana, como no, que sirven para salvar a Yoshis con diseños relacionados con las fases en las que se encuentran. Al encontrar las 5 madejas que se esconden en cada nivel recibimos un nuevo skin al que podemos cambiar con tan sólo pulsar el botón A al lado del Yoshi que nos interese. Además, en caso de que tengamos por nuestra casa algún Amiibo, le podemos echar mano para pasarlo por el lector NFC y que Yoshi adquiere patrones en función de la figura que usemos.

Niveles de todas las telas y colores

Pero vamos a hablar de lo que de verdad hace a Yoshi’s Woolly World rayar a un nivel comparable a los grandes juegos de Nintendo: el diseño de niveles.

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En los primeros niveles prima la sencillez. El reto y las ideas no deslumbran demasiado pero sigue siendo un placer jugarlas. Pero a medida que avanzamos las pantallas se vuelven más complejas, complejas desde el punto de visto del diseño, y no dejan de sorprender. El punto de inflexión es sin duda el mundo 3, la mitad de la aventura. A partir de ese momento la cara de asombro es habitual y no es raro que se te pase por la cabeza: ¡Hostia! ¡Qué bien pensado está! Desde pájaros que crean un camino de nube al ser lanzados hasta cadenas chomp con un uso muy inteligente de las mecánicas de Woolly World. Por no hablar de las fases extra en las que se exige más al jugador y en las que es indispensable controlar el pataleo -pataleo casi infinito- de Yoshi en este juego. No quiero dar muchos más ejemplos para no destripar nada. Es mejor disfrutarlos por uno mismo.

Quizás la única pega son los enfrentamientos contras los jefes. Los jefes que custodian las mazmorras intermedias se repiten cambiando mínimamente sus patrones y los finales tampoco es que destaquen demasiado como sí lo hacen en otros juegos de la factoría Nintendo. Supongo que es debido a que con Woolly World se quiso llegar a un público menos hábil como se puede ver con las diferentes ayudas y modos de juego que tiene el título. Como ocurre con los famosos tramos contrarrelol en los que Yoshi se transforma en diferentes objetos como un paraguas o una moto, hasta 6 transformaciones en este caso; y que en anteriores juegos requerían de mayor pericia. Aunque de todos modos se agradece su presencia para aportar variedad y porque pese a su sencillez no dejan de ser divertidos. Pero una mención especial se la lleva el llamado modo relajado en el que a Yoshi le crecerán un par de alas que le permiten mantenerse en el aire de manera indefinida. No hay excusa para que ninguna persona, independientemente de su habilidad a los mandos, pueda pasarse el juego.

 

Yoshi’s Woolly World es un juego genial de principio a fin en el que con tan sólo mirar ya divierte. Si eso lo acompañamos con unas melodías que sin ser tan pegadizas como en el juego de SNES tienen cierto encanto, la experiencia es sublime. Dejad de lado la tensión que causaba su amigo Donkey Kong y preparaos para una aventura que puede disfrutar todo el mundo y que DEBE disfrutar todo el mundo.

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