[Recomendaciones del Pasado] Bomberman Quest de GameBoy

Bomberman es una saga que ha visto tiempos mejores. Tiempos en los que era un icono del mundo de los videojuegos y era respetada por público y sus propios creadores. Unos tiempos en los que Hudson Soft se atrevía con todo con su mascota. Y de su amor por Bomberman, nacían cosas tan curiosas como el juego del que hoy quiero hablar.

A finales del 1999, Hudson Soft ponía a la venta Bomberman Quest. Un juego en el que las referencias de las que bebe saltan a la vista. ¿Qué hubiera pasado si The Legend of Zelda y Bomberman tuvieran un hijo? Bomberan Quest es la prueba. Año, año y medio atrás, Hudson ya había hecho pruebas con la franquicia con otro gran juego –grato recuerdo de mi infancia– Pocket Bomberman. Una vuelta de tuerca a la base jugable de Bomberman metiendo al explosivo protagonista en un entorno 2D lateral pero sin perder esa esencia que lo hizo grande. Con Bomberman Quest ocurre algo parecido aunque a mayor escala. Una mezcla de lo más sorprendente pero que acaba siendo más gratificante de lo que me hubiera imaginado sobre el papel.

La aventura de Bomberman comienza en un pueblo –si es que a 4 casas se le puede llamar pueblo– que hace a la vez de núcleo de unión entre las 4 zonas en las que se divide el mundo y base de operaciones donde guardar y mejorar o crear el equipo. Porque sí, en Bomberman Quest, por mucho que beba de la aventura de Nintendo, no faltan los elementos reconocibles del señor de las bombas: empujar bombas, aumentar el rango de las mismas, correr más rápido… De hecho, el juego en el fondo, es el mismo Bomberman de siempre. Nuestro objetivo desde el principio hasta el final del juego es acabar con los enemigos a base de bombazos. Ni más ni menos. El cambio reside en cómo llegamos a esos enemigos. Ahí entra la fórmula Zelda.

Hey Listen!… Bomberman?

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El mapa se divide en pequeñas zonas en las que en la mayoría de las veces se encuentra un monstruo al que eliminar. Pero no siempre será tan sencillo como pasar por un camino y sanseacabó. Los impedimentos son de todos los colores: rocas que mover, vacíos que saltar, lagos en los que bucear o postes que golpear. ¿Cómo hace frente a tales incordios? Pues como lo haría Link, con los objetos específicos para tal fin que se encuentran en cofres –seguimos con las similitudes– o los que sueltan las víctimas de nuestras bombas. Debido a esto el “backtracking” es una constante. ¿No llegas a ese cofre al fondo? ¿No puedes acabar con ese jefe? Explora el mapa y vuelve una vez tengas la herramienta adecuada.

Además, no faltan las mazmorras/cuevas donde resolver pequeños puzles para dar fin al jefe de turno que nos abra el acceso siguiente zona. Ahí es cuando habrá que tener muy claro que objetos necesitaremos y como usarlos con rapidez. Porque en ningún momento se te dice qué debilidad tiene un enemigo o cómo funciona cierto objeto. Es cuestión de experimentar, de probar.

Gotta bomb’em all!

En el menú del juego se encuentre un registro de todos los enemigos que hemos derrotado, y  de los que no. Ese es otro aliciente de esta obra. Acabar con todos y reunir las mejoras que dejan en el lugar.  Cada uno de ellos es único y pese a que en definitiva todos se eliminan a base de bombas tienen su propio patrón y fórmula para atacarlos. Bombas de hielo, con temporizador, de seguimiento, ligeras, acuáticas… Todo un arsenal en nuestra mochila con el que diezmar el planeta de criaturas perversas.

Y no todo se queda en la autoexigencia de obtener todo el equipamiento. Hay una sorpresa en el final para quien sea capaz de dar caza a todos. Una práctica que parece que se ha olvidado en los últimos tiempos en pos de finales alternativos por DLC.

 

Bomberman Quest sigue siendo muy disfrutable a día de hoy pese al paso de los años. Y sigue siendo muy disfrutable pese a los fallos técnicos del juego. Fallos que no se le pueden criticar por una simple razón. No se le puede pedir peras la al olmo. El hardware de la GameBoy da para lo que da. El único detalle que se le puede achacar es un error de diseño que parece más pereza que otra cosa. Es extraño cómo no hay ningún tipo de transparencia en el sprite de las bombas y en su lugar el fondo blanco se sobrepone a los escenarios.

Pero como digo, cualquier posible fallo queda enmascarado por unas mecánicas adictivas, arcade, directas; perfecta para partidas cortas aunque

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